Ernesto Oroza Workshop

Technological Disobedience, Architecture of necessity, Moral Modulor, Moire house, Objects of Necessity, Generic matter, ...

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desobediencia tecnologica

Objeto 3. Gasolina con espuma de poliestireno (poliespuma). Gasoline with polystyrene foam. 2013

La fusión de gasolina y espuma de poliestireno (poliespuma) se ha usado en Cuba por muchos años. El combustible consume cada molécula de oxigeno derritiendo el plástico hasta convertirlo en una masa grisácea que toma diversas contexturas en relación a la proporción. La voracidad de la gasolina en el proceso produce, al observarlo, cierta fascinación, metros cubicos de poliespuma son absorvidos hasta desaparecer en un instante. La mezcla se utiliza para sellar peceras y fisuras en las ventanas y muros, reparar espejos, hacer lámparas uniendo fragmentos de vidrio. Recuerdo una guitarra reparada, unos espejuelos, un botón de un televisor, álbumes fotográficos que exalaban al abrirlos olor a combustible pues las fotos fueron pegadas con esta supermasa. La preparación de la mezcla, además de oxigeno consume tiempo. Lograr una cantidad util toma semanas. Miles de envases con unos pocos dedos de gasolina se acumulan en los balcones y patios de toda la isla por meses. Cuba es un agujero negro que puede devorar en segundos toda la poliespuma del universo.
Esta primera aproximación y producción incluye espejos, lámparas, percheros, tomacorrientes, cabos de cuchillos y de punzones, joyas, envases, celosías, una gruta, textos volumétricos y otros elementos de difícil definición y usos.

Objeto 1. Gasolina con espuma de poliestireno (poliespuma). Gasoline with polystyrene foam. 2013

Objeto 4. Gasolina con espuma de poliestireno (poliespuma). Gasoline with polystyrene foam. 2013

 

 

 

Desobediencia Tecnológica. De la revolución al revolico.
Ernesto Oroza

Revolución
“Obrero construye tu maquinaria!” fue la invitación que Ernesto Guevara, el Ministro de Industrias, lanzó a los participantes de la Primera Reunión Nacional de Producción en agosto de 1961. La frase fue el primer impulso ideológico al movimiento nacional de innovadores e inventores cubanos que se habían agrupado desde 1960 en los Comités de Piezas de Repuesto. Dos años y medio después (1963) queda fundada la Asociación Nacional de Innovadores y Racionalizadores (ANIR) con el propósito de organizar el movimiento y darle un carácter institucional. Pero la situación que provocó la creación de la ANIR fue la confluencia del deterioro de las industrias y la salida masiva del país, desde inicio de 1960, de ingenieros, técnicos y obreros calificados que buscaban continuidad laboral en suelo estadounidense con las empresas para las cuales habían trabajado en la isla.

El nuevo gobierno nacionalizó las empresas extranjeras y convocó a los obreros como los nuevos “dueños” del parque productivo de la nación y los invitó a asumir la creación de piezas de repuesto y las primeras tareas de reparación. Maquinarias rotas parecían por esos días el enemigo mas temible de la patria. Un torno sin husillo, una sierra sin volantes, moldes desgastados, cientos de artefactos mutilados aterrorizaban como zombis descuartizados el devenir de la nueva sociedad. Los espacios vacíos en las máquinas paralizaban el engranaje de la revolución. Los obreros comenzaron a llenar esos vacíos y lo hicieron tantas veces y durante tantos años que muchas de esas maquinas poseen hoy más piezas hechas por ellos que piezas originales. En el argot popular de los talleres se renombró estas máquinas alteradas o totalmente rehechas como criollas. Si un ingeniero exilado en EUA hubiera regresado a la isla 10 años después, ya no sería un experto. Las vísceras de los aparatos de tecnología norteamericana que el conocía muy bien habían sido sustituidas por otras más toscas y ruidosas, pero igualmente productivas.

He seguido a algunos de estos primeros innovadores cubanos y he notado recurrentemente que  a lo largo de su vida dejan una estela de invención que ha transformado todo. No se trataba únicamente de reparar las maquinas que usaban en las fabricas, sus tareas debieron comenzar en los hogares que devinieron los verdaderos laboratorios de invención. El mismo obrero, que arreglaba el motor de un avión de combate soviético MIG15 le fabricaba a su esposa unos portarretratos con clavos, espejos e hilos o hacía un encendedor eléctrico con una bombilla y un bolígrafo cuando ya empezaban a escasear los fósforos.

Y es que esta historia que parece un sueño obrero desbordado de épica tropical ha tenido matices contradictorios. Tras la secuencia de nacionalizaciones llevadas a cabo por el gobierno auto declarado comunista y la evasión de pagos de indemnizaciones a empresas extranjeras expropiadas, EUA declaró un embargo a la isla buscando obstaculizar la llegada de materias primas, sustitutos industriales y mercancías en general. Consecuentemente y acelerado por la ineficiencia productiva y burocracia incipiente del sistema socialista que obstaculizaba todas las iniciativas individuales y eliminó el estímulo de la propiedad privada, el país fue sumergiéndose en una crisis económica que tocó fondo por primera vez a principio de 1970.

Y esta es la paradoja: la desobediencia tecnológica, que nace como una alternativa que la revolución estimuló, devino el principal recurso de los individuos para sobrevivir la ineficiencia productiva de la revolución comunista. El mismo obrero que ha usado por años su imaginación para ayudar a que la revolución no se detenga, la ha usado también para resistir las duras condiciones de vida que el ineficaz gobierno revolucionario le impone.

Acumulación
Durante los primeros meses de 1970 la desolación cubrió la red comercial del país. Los obreros, que ya habían vivido 10 años en revolución, vieron como una década de esfuerzos no resolvía los problemas de la vida cotidiana. En el ámbito familiar se desató un comportamiento preventivo que ha permanecido en la base organizativa del fenómeno creativo cubano: la Acumulación. La desconfianza en el éxito de la revolución convirtió cada espacio de la casa en un área de almacén y cada materia u objeto, o fragmentos de este, devino sujeto de la acumulación. Con este simple y primer gesto se cuestionaron radicalmente los procesos y lógicas industriales, revisándolos desde una perspectiva artesanal. Todo objeto podía ser reparado o reusado en su mismo o en otro contexto. La acumulación, que es un gesto manual, separó al objeto occidental del ciclo de vida asignado por la industria y pospuso el momento de su desecho insertándolo en una nueva línea de tiempo. Este primer desacato organizó e inscribió su propia noción de tiempo al fenómeno productivo cubano que he denominado Desobediencia Tecnológica.

Cuando los individuos conservaron los objetos guardaron también principios técnicos, ideas de unión y arquetipos formales. En cada momento crítico escarbaron mentalmente en su stock para encontrar la cosa exacta que guardaron con previsión. Cuando faltó la luz, cuando se rompió el ventilador o se fracturó la primera silla, la familia escuchó susurros provenientes de los patios, de abajo de las camas, de los oscuros rincones de la sala donde habían guardado todo tipo de cosas. Pedazos de sillas completaron a las recién rotas. El viejo y deteriorado farol de kerosene (Eagle) reapareció cuando los apagones azotaron la isla. Un envase metálico para leche condensada con unos frijoles secos en su interior sirvió de juguete sonoro a mi hermano mayor, en ese momento recién nacido.

En la década siguiente y por el reforzamiento de las relaciones estratégicas y económicas con la URSS el país pareció salir de la crisis. Los intercambios económicos con el Consejo de Ayuda Mutua Económica (COMECON) instauraron en la isla la estandarización. Todos los cubanos conocieron un solo tipo de refrigerador (Minsk), dos tipos de TV (Caribe y Krim), un único ventilador (Orbita), dos generación de una misma lavadora (Aurika). Siete tipos de envases sostenían los intercambios con la Europa comunista, se enviaba dulces de papaya a cambio de peras en sirope a Bulgaria. En la misma botella que se envasaba Vodka en Rusia se distribuía el Ron en la Habana. La base material burguesa pre-revolucionaria se mezcló con sistemas de objetos estandarizados. La industria comunista priorizó las producciones con fines sociales. Las sillas eran las mismas en todas partes.  Las acumulaciones en los hogares también recibieron aires de estandarización. Que todos guardaran lo mismo favoreció el asentamiento de un lenguaje técnico común y estandarizó también las soluciones, las ideas de reparación. La racionalización y estandarización dotaron de un patrón al sentido común y este hecho tuvo su efecto posteriormente. Anos después había objetos ingeniosos producidos por cientos de personas al mismo tiempo pero en diversos lugares. La estandarizada bandeja de aluminio usada en los comedores escolares y obreros de toda la isla devino la única antena de televisión posible en la isla. ¿Como fue posible una expansión así? ¿Hubo una primera antena que inspiró a todos? ¿O la antena fue una conjunción fatal de necesidad, estandarización y astucia vernácula? Ciertamente la bandeja era el único pedazo de metal accesible y las antenas normales habían desaparecido del mercado muy prontamente tras la crisis.

Muchos cubanos hablan de los 80’ como una década de esplendor. Y ciertamente había mas cosas, muchas mas cosas… para acumular. El fin del bloque socialista europeo estaba por llegar y con la caída del muro de Berlín en 1989 cayeron las importaciones cubanas por mas de un 80%. El país se sumergió en la crisis económica mas agresiva en toda su historia. Rápidamente los individuos comprendieron que estaban solos en la batalla por la sobrevivencia. El gobierno, paralizado e ineficiente hizo un único gesto, suspendió temporalmente el control y algunas limitaciones al trabajo por cuenta propia y las iniciativas individuales que estaban dirigidas a la sobrevivencia de la familia. Los inspectores estatales recibieron ordenes de mirar al vacío cuando toparan con una infracción en la ciudad. La extensión en el tiempo de esta crisis obligó a las autoridades a declarar el país en estado de emergencia y nombró esta circunstancia como “Periodo Especial en tiempo de paz”. Solo cuatro años después de caer el muro de Berlín el gobierno de la isla hace pública un ley hasta entonces impensable, la Ley 141 del 6 de septiembre 1993 que permite, limita y regula el trabajo por cuenta propia.

Desobediencia
Al principio del Periodo Especial los cubanos creaban sucedáneos instantáneos, objetos o soluciones provisionales que le resolviesen sus problemas hasta la desaparición de la nueva crisis. Con los años, y por la continua escasez, ganaron confianza e hicieron frente a todos los problemas de la vivienda, el transporte, la vestimenta, los electrodomésticos. Es decir, las prácticas productivas de los primeros años 90’ eran solo reparativas de una realidad material destruida e insuficiente pero esto fue solo la antesala del fenómeno creativo mas espontáneo y revolucionario de la nación en toda su historia.

Mientras reinventaban su vida, algo inconsciente se perfilaba como una mentalidad. De tanto abrir cuerpos el cirujano se desensibiliza con la estética de la herida, la sangre y la muerte. Y esa es la primera expresión de desobediencia de los cubanos en su relación con los objetos: un irrespeto creciente por la identidad del producto y la verdad y autoridad que esta identidad impone. De tanto abrirlos, repararlos, fragmentarlos y usarlos a su conveniencia terminaron desestimando los signos que hacen de los objetos occidentales una unidad o identidad cerrada. No se atemoriza el cubano con la autoridad emanada de ciertas marcas como Sony, Swatch o la propia NASA. Si está roto él lo arreglará. Si le sirve para reparar otro objeto también lo tomará, a pedazos o íntegramente. El desacato ante la imagen consolidada de los productos industriales se traduce en un proceso de desconstrucción, de fragmentación en materiales, formas y sistemas técnicos. Es como si al tener un conjunto de ventiladores rotos los entendiéramos como un conjunto explotado de estructuras, uniones, motores, cables. Esta liberación, que reconsidera lo que entendemos como materia prima o incluso materia semifinis para rebasarlas con la idea de materia objeto o materia fragmento de objetos, hace cierta omisión del concepto objeto en si mismo, en este caso del ventilador. Es como si el individuo en la isla tuviera la capacidad de no ver los contornos, las articulaciones y signos que semióticamente hacen el objeto, y solo viera un cúmulo de materiales disponibles que son usados ante cualquier emergencia. El proceso remite a la idea del objeto transparente que Boris Arvatov enunció en los albores del produccionismo. Arvatov se refería a lo que debía ser el objeto socialista en oposición al hermetismo del objeto suntuoso burgués. Sin embrago los cubanos ven “a través” de todos los objetos sin importar su procedencia ideológica. La crisis profunda e interminable dotó al individuo de una destreza especial. Si un objeto se rompe, no importa si es un objeto capitalista o socialista, se torna invisible como objeto, para mostrarse como una relación de partes.

El objeto que es esencialmente transparente como el que Arvatov soñó es el que he nombrado objeto de necesidad. Hablo por ejemplo, del farol de keroseno que alguien creo con un envase cilíndrico de vidrio de 13cm de diámetro y 13 de altura y tenia en su interior, sumergido en el keroseno, el porta mecha fabricado con un tubo de pasta dental. El envase de vidrio, suministrado por los intercambios del COMECON, servía al mismo tiempo en éste farol como envase del combustible y como pantalla (lampshade). La transparencia arvatoviana del objeto esta dada aquí por su capacidad de diagramar el proceso mental y manual de su creación y los principios funcionales y de uso de su totalidad y de sus partes, es decir el farol diagrama la capacidad del individuo para entender su urgencia y responder con la dosis proporcionada de ingenio, temporalidad y austeridad. El otro objeto de necesidad emblemático es el “ventilador/teléfono”. El sujeto, venido reparador, al romperse la base del ventilador, recuerda que ha guardado por años un teléfono roto proveniente de la Alemania comunista. Lo recuerda porque la base del ventilador Orbita se parece a la forma prismática piramidal del teléfono. No esta interesado el creador en establecer asociaciones ni significados, el está interesado únicamente en la analogía formal por las dimensiones y por la estructura. El ventilador reparado es, a la vez, un esquema de la astucia del individuo, un diagrama de la acumulación y una imagen de desobediencia y reinvención moral que este cubano ha asumido.

Para adéntranos en los procesos que dan sentido a la desobediencia tecnológica comentaré a continuación algunas ideas sobre prácticas como la reparación, la refuncionalización y la reinvención, todas ellas con un grado de subversión elevado. En primer lugar, por la reconsideración del objeto industrial desde un ángulo artesanal. En segundo lugar por la forma en que niegan los ciclos de vida de los objetos occidentales prolongando en el tiempo su utilidad, ya sea dentro de la función original o en nuevas funciones. En tercer lugar porque al aplazar la acción consumo, pero satisfaciendo las demandas, devienen dichas prácticas formas productivas alternativas.

Veamos concretamente el caso de la reparación. Esta práctica es la más extendida, se expresa en la escala familiar y en la estatal. Como muchos de los objetos electrodomésticos en Cuba provenían de producciones masivas y estandarizadas las soluciones de reparación se estandarizaron impulsando la creación de un enorme sistema de piezas de repuesto. El gesto más desobediente de la reparación es la capacidad de inmortalizar los objetos conservándoles sus funciones originales. La reparación puede ser definida como el proceso mediante el cual devolvemos parcial o totalmente las características  técnicas, estructurales, de uso, de funcionamiento o de apariencia de un objeto que las ha perdido completa o parcialmente. Cuando se repara se establece una relación más compleja con el objeto, es una gestión que supera el hecho de usar el producto. De cierta forma equilibra la dependencia que tenemos de los objetos, colocándolos en una posición de dependencia con relación a nosotros. Es decir, que el dominio que impone el objeto al usuario a través de sus limitaciones,  queda balanceado con la dominación forzada de su tecnología por parte de este.  En otro sentido, cuando la reparación es capital o cuando su envergadura incluye la refuncionalización del objeto entonces genera un nuevo tipo de autoría. La del reparador, el cual termina siendo un depositario de los secretos técnicos del producto. Las reparaciones no siempre son definitivas, a veces se reconocen como paliativos o simplemente maquillajes que hacen parecer nuevo al producto que las recibe. Reparar es de alguna forma reconocer, restituir, y en alguna medida legitimar las cualidades de los objetos, por eso es la más discreta de las formas de desobediencia tecnológica. Su potencialidad está en la posible concepción abierta del producto contemporáneo, democratizando su tecnología, propiciando su longevidad y versatilidad. Muchas veces de un proceso de reparación resultan dos cosas: el objeto reparado y la herramienta que lo reparó. La reparación abre las puertas a procesos como la re-funcionalización y la reinvención.

La re-funcionalización es el proceso mediante el cual nos aprovechamos de las cualidades (materia, forma, función) de un objeto desechado  para hacerlo funcionar de nuevo en su contexto o en otro nuevo. Esta definición incluye a la partes del objeto y las funciones que dichas partes cumplen en este por lo que la re-funcionalización en ocasiones abarca operaciones como la metamorfosis y la re-contextualización. Son los objetos asociados a la alimentación, entre los sistemas de objetos domésticos, los que más gestos de re-funcionalización reciben, específicamente en cuanto al envase y re-envase de alimentos. Cuando la refuncionalización pone a convivir objetos o partes de ellos en un nuevo producto o solución entonces la operación puede ser considerada como una reinvención.

La reinvención, de las tres prácticas mencionadas, es la que contiene más actos de desacato ante la cultura industrial y el contexto. Puede ser entendida como el proceso mediante el cual creamos un objeto nuevo usando partes y sistemas de objetos desechados. Los objetos reinventados se parecen a los inventos originales, por la austeridad y desfachatez con que son utilizadas y articuladas sus partes. Las reinvenciones muestran objetos transparentes, sinceros y en proporción en términos de inversión material y simbólica con la necesidad que los provocó. Conservan también el conjunto de gestos manuales, conceptuales y económicos que el operador-creador les añade. Un caso paradigmático es el del cargador de baterías no recargables que encontré en la Habana en 2005. Enildo, su creador, lo fabricó para recargar las baterías que continuamente demanda el aparato auditivo que su esposa utiliza. Para reparar la batería, reanimándola como a Frankenstein, Enildo ha debido reinventar un cargador que se conecta a la pared y por veinte minutos es capaz de alojar en la pequeña batería una carga que dura unos 20 días. El artefacto que parece un diagrama didáctico, desnuda su sistema técnico. Su objetivo es reanimar la batería, al hacerlo cuestiona las lógicas técnicas y comerciales que están inscritas en las baterías.

La reparación, refuncionalización y reinvención pueden considerase saltos imaginativos en oposición a los conceptos de innovación favorecidos por las lógicas comerciales actuales y que proponen escasas soluciones a los actuales problemas del individuo. Los saltos imaginativos, por el contrario, proponen una recuperación de las actitudes creativas de los usuarios y de los centros de generación de bienes materiales. Las practicas que he comentado en este texto parecerían retrogradas o ajustadas a una realidad pobre, pero realmente no pretenden la utopía de cambiar la realidad sino la posibilidad de tener conciencia de ella. Es una evasión del mundo de sueños del consumismo idílico a la realidad. Es difícil imaginar que estas prácticas en si mismas tendrán un espacio dentro de la concepción del diseño del futuro. Su valor radica en el presente, en la posibilidad de subvertir los órdenes actuales y proponer nuevas miradas sobre las relaciones con los objetos, el mercado y la industria; esa es su modesta forma de incidir en el futuro de la disciplina.

Para concluir con la desobediencia tecnológica en Cuba debo aclarar que su existencia no solo tiene que ver con el rechazo y trasgresión de la autoridad de los objetos industriales y los modos de vida que ellos contienen y proyectan. Ella encarna sobre todo un desvío ante las asperezas económicas y las restricciones dominantes en el contexto cubano. Por tanto, la desobediencia que he nombrado tecnológica en el marco de este texto, tiene imbricaciones y variantes en lo social, lo político y económico, por lo que puede ser denominada también con esos apellidos. Es una interrupción al estado de tránsito perenne que impone occidente y al estado de tránsito al comunismo, también interminable, que propone la oficialidad en la isla.

Revolico ( un epílogo provisional)
Hace 5 años, en 2007 apareció www.revolico.com, una pagina web para que los cubanos (los escasos que acceden a internet) hagan sus ventas de casas, autos, y bienes de toda índole. El nombre no podía ser más acertado, la Revolución devino un Revolico. Dicha web es un deposito de descripciones y anagramas, un extenso desglose de artefactos, especialmente de autos híbridos: “Vendo Fiat 125, 1974. Con Motor original en perfecto estado; caja de velocidad 5ta de SEAT; carburador de NISSAN V-12, butacas delanteras de TOYOTA YARI; pizarra de LADA nueva, con todo funcionando; CD player SONY con 4 bocinas y cloche de PEUGEOT todo nuevo…”. Las terminologías y convenciones vernáculas usadas por los usuarios de Revolico son indicativas de un movimiento y un lenguaje de resistencia consolidado. El propio Fidel Castro reconoció los artefactos cubanos como enemigos y los nombro “monstruos devoradores de energía” durante una presentación de objetos electrodomésticos chinos que llegaban a Cuba para sustituir los ventiladores, cocinas y refrigeradores que el pueblo había creado para resistir su ineficiente dictadura.

Además de revolico.com y de aquellos discursos de Castro hay otros espacios que se han hecho eco de las desobediencias tecnológicas, hablo de la prensa oficial y los documentos y declaraciones legales que el estado decreta en su desespero por controlar el torrente de iniciativas individuales. Primero hallé prohibiciones descriptivas como el articulo 215 de la Ley No. 60 del Código de Vialidad y Tránsito: “Se prohíbe la construcción de vehículos y, por tanto, su inscripción en el Registro, mediante el ensamblaje de partes y piezas nuevas o de uso, cualquiera que fuere el título de adquisición de las mismas”. Después encontré notas en la prensa oficial donde algunos periodista del régimen describen con términos peyorativos y dramatismo cuanto perjudican los Rikimbilis a la salud y la ciudad. Los Rikimbilis eran, inicialmente, bicicletas a las cuales les añadían motores de aparatos de fumigación, bombas de agua o de sierras manuales, pero el termino permite nombrar hoy todos los artefactos rodantes hibridados y reinventados en la isla. Una de las notas de prensa que guardé denuncia el robo de señalizaciones del transito para construir las carrocerías de estos artefactos.

Pero hay algo nuevo que supera las descripciones de las notas de prensa, de los documentos legales y de Revolico. Hace algunos meses el estado ha lanzado un decreto ley que permite re-circular aquellos autos destruidos por un choque, corrosión o abandono. Cuando un auto, por estos motivos, salía de circulación resultaba imposible incorporarlo nuevamente a la vía. El nuevo decreto permite inscribir autos si se conserva un 60 por ciento de sus rasgos originales. Esto abre un umbral del 40 por ciento a la fantasía técnica y formal. Las personas en la calle nombran estos autos como “60 por ciento” pero creo que la denominación mas adecuada sería la de “40 por ciento”. Desde ahora el fenómeno empieza por demandar nuevos tipos de expertos. En los años venideros habrán expertos del 60 por ciento compitiendo con expertos del 40 por ciento. En las narrativas legales encontraremos truculentas maravillas. La batalla de por cientos que tomará lugar en el cuerpo de los autos tendrá un impacto en el cuerpo de la ley general del tránsito. ¿Quién y cómo definirá las fronteras legales y físicas entre el 60% y el 40%? En marzo pasado hallé un Peugeot 404 diseñado en 1962 por Pininfarina. El auto muestra el 60 por ciento del diseño original, al menos teóricamente, el 40 por ciento restante no puede ser adjudicado al diseñador italiano. Los nuevos encuentros y líneas que aparecieron en el maletero, los sistemas técnicos ahora híbridos, los plexiglases de colores que sustituyen las ventanas, los guardafangos inflamados entre otras alteraciones conforman el 40% restante.

Creo que las líneas de este auto evocan ahora una aerodinámica vernácula divertidamente especulativa y utópica.  La forma de un auto, cuando su fabricante es serio, es también un diagrama de la velocidad, la resistencia del aire, las turbulencias y otras fuerzas del universo sobre el automóvil. Si damos por sentada esa relación y la invertimos, al cambiar la forma del Peugeot estaríamos diagramando y proponiendo las leyes físicas de un nuevo universo. Esta propuesta dejaría de ser delirante si se propone como un modelo de interpretación del caos que provocaran estos autos en su encuentro con la reglas del universo legal.

Cuando el auto se alejó pensé que en su movimiento buscaba alejarse para siempre de su referente, del modelo de estandarización con el cual compartirá desde ahora un determinado por ciento. Dos cuadras después hallé otro “40 por ciento”, es un Volkswagen por delante y un Fiat por detrás.

 

RIKIMBILI. Une étude sur la désobéissance technologique et quelques formes de réinvention. 2009
Ernesto Oroza
(Préfacier) Marie-Haude Caraës
Traducteur: Nicole Marchand-Zanartu
67 p.
format : 165 x 215
ISBN : 978-2-86272-527-7
Publications de l’Université de Saint-Étienne, 2009
Cité du design
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"PLOUGHSHARES AS TECHNOLOGICAL DISOBEDIENCE (CUBA)
Cite du design is a broad church. Whilst hordes of courtiers flocked around the Minister like starlings at sunset, copies of a subversive new book, by Ernesto Oroza, were being distributed by Cite's publications team. Rikimbili - "a study of technological disobedience and other forms of re-invention" - describes how Cubans have adapted and recycled industrial objects during fifty years of US sanctions. The book's title, Rikimbili, is named after a two-wheeled vehicle that started its life as a bicycle. The book is subversive because, for me anyway, it describes the kind of design we'll be doing in the coming age of scarcity industrialism (a phrase of John Michael Greer). Design shows filled with shiny objects, by contrast, are best perceived as historical events about a pardigm that has passed. Write direct to obtain your copy of Rikimbili to: emilie.chabert at citedudesign dot com."
John Thackara
from: doorsofperception.com

 

Worker, build your own machinery! - ¡Obrero, construye tu maquinaria!
Available now through Textos Moire and [NAME]


Embroidered Polo shirt, 2012

I'm doing an appropriation of an Ernesto Guevara's statement from 1961. I have deleted his last name as author of this phrase.
Appropriation, reinvention and repairs should be understood as tactics that propel the "technological disobedience". Practices that the communist revolution promoted as alternatives to the country’s stalled productive sector— and become the most reliable resource for Cubans to navigate the inefficiencies of the Communist political system. Workers who had devoted their imagination and resourcefulness to keeping the revolution on its feet were then forced to employ those attributes to endure lives short on necessities.

 

Diagramas del 40% (selección)

1-
Se vende un WILLYS 54 con mecánica de LADA.
Llamar al 7962596 Edy O Damaris.
Precio: 8,500 Cuc
Fecha: Miércoles, 8 de Febrero del 2012, 6:18 PM
- Caja diferencial y mecánica de LADA
- Dirección de MOSKVITCH con cremallera de PEUGEOT y freno de pastilla con hidro gas
- Cerrado con capota de vinil negro
- Montado en goma 14 y llantas originales

2-
Vendo FIAT 125 en excelente estado
Precio: 10,700 cuc
Fecha: Lunes, 5 de Marzo del 2012, 4:06 PM
Fiat 125, Argentino, 1974.
Motor original en perfecto estado
Caja de SEAT 5ta.
Carburador de NISSAN V-12, para ahorro de combustible
Butacas delanteras de TOYOTA YARI
Pizarra de LADA nueva, con todo funcionando
Llantas de aluminio
CD player SONY con 4 bocinas.
Repuestos:
4 gomas nuevas de paquete
Sinfin de la dirección nuevo
Cloche de PEUGEOT nuevo
Bomba de gasolina nueva
Bomba de agua de uso
Contacto: Segundo López, despues de las 6 pm 2092535

3-
Vendo Chevrolet 50 con múltiples adaptaciones de Toyota, me ajusto.
Llamar a Renato 2096375 o 52843954

4-
Vendo Moscovish.S.L
Con motor de petroleo peugeot xud9
Caja de mitsubishi l 300
Diferencial largo de 3.8
Pintado bicapa por fuera y dentro y por debajo pintado de antigravilla
Asientos modernos, todo nuevo
Equipo de musica pioneer
Llantas de aluminio, rin 16
Precio 17.000$ dolares, lo mismo pagado en miami (usa). O en cuba.
Telefonos de contacto:
En cuba: 7931784 fijo casa. Leover
En cuba: 052395852 celular. Leover
En miami: usa. 786 3674756. Lestel

 

Documentos contaminados, 1999.


Untitled, 1999.  B&W 2.12 x 2.44 inches. Edition of 3. Private collection; Miami, Florida.

Me interesan los documentos corrompidos, impuros, emponzoñados por la naturaleza y esencialidad del sujeto que investigan.  Uno de mis primeros archivos infestados data de 1999. 
Ocurrió durante un viaje de un mes por la isla en compañia de Penélope de Bozzi. Estábamos realizando una extensiva documentación en diapositivas con una ayuda económica de FIACRE que Penélope consiguió para producir nuestro libro Objetos Reinventados.
En Holguín pensé que debía diversificar el proceso de registro para ahorrar rollos de diapositivas. Al comprar algunas lámparas improvisadas decidí llevarlas a una casa/estudio de fotógrafo. El señor se dedicaba, según aclaraba el cartel en la puerta de su casa, a tomar retratos en blanco y negro para carnets de identidad, licencias de conducción, visas y pasaportes.  
Los estudios fotográficos en el hogar estaban entre los escasos negocios permitidos en esos años. Estos fotógrafos disponían de un set improvisado en la sala con una silla y un fondo blanco, posiblemente una sabana, sobre el cual se tomaba la fotografía. 
Inicialmente yo estaba interesado en contaminar mi proceso de registro con el formato (retrato ID), el fondo (backgound) y otras calidades especificas de este tipo de negocio, pero el fotógrafo fue mas allá e insistió en no salirse de su método de trabajo: me hizo respetar el precio, la cantidad de copias por cada foto y como era la costumbre me pidió recogerlas al final de la tarde. Cada fotógrafo que visité durante ese viaje tuvo similares exigencias.


Untitled, 1999.  B&W 2.12 x 2.44 inches. Edition of 3. Private collection; Miami, Florida.

 

 

Technological Disobedience. Battery Charger for battery non-rechargeable (two capacitor, one diode), 2007

 

Rikimbili. Bicycle + gasoline pump water, fumigation devices or gasoline engines chain saw.

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Exprimidor de naranja / orange squeezer
Aluminium cast.
Holguín, Cuba. 2000.

 

Little Havana Lamp shade. 2008
Milkcrate, cut.

<<click on the image for more views>>
{slimbox single images/objects/oroza-little-havana-lampshade.jpg,images/objects/oroza-little-havana-lampshade.jpg, Little Havana Lamp shade. 2008; images/objects/ernesto-oroza-lamp-detail.jpg,images/objects/ernesto-oroza-lamp-detail.jpg, Little Havana Lamp shade. Details 2008;images/objects/ernesto-oroza-lamp08.jpg,images/objects/ernesto-oroza-lamp08.jpg, Little Havana Lamp shade (orange). Edition of 20 for Name Publications. 2009}

 

Polo shirt: Obrero, construye tu maquinaria!
Available now through [NAME]


Embroidered Polo shirt, 2012

 

Little Havana Lamp shade. 2007
Scotch tape

 

Little Havana Lamp shade. 2008-2009
Clear silicone.

In 1994, in a factory in Los Pinos neighborhood in Havana, after a black-out, a Japanese machine used to produce medical instruments in acrylic got clogged with the hot, melted material inside. The factory's chief of production quickly ordered all the acrylic, still in a liquid state, to be removed. As the workers pushed the material out, they created a fine cascade of melted pink acrylic that began to accumulated on the floor. Some of the workers, molding it with their hands, began to improvise the shapes of lamps, ashtrays and decorative bowls.
In a few weeks, this technical principle extended throughout the island and individuals began to assemble in their own homes machine that repeated this productive process in which hand gestures were fused with industrial technological principles.

I am interested in how immigrants interpret new technologies and the universal and standard stock of materials that can be found in stores like Home Depot. And how these "technological goods," available to recent arrivals or to individuals formed in a different a "technological age," start to insert themselves as possible variants in the home and within the immigrant's dynamics of survival, in places like Little Haiti and Hialeah. In this sense, I am interested in investigating the meeting of this universal stock with local cultural demands, be they decorative impulses, constructive understandings, or simply religious practices. Processes of hybridization have the potential to open access to innovation, destroying and creating logics and sense, provoking excesses, invasions and reciprocal contaminations that have important repercussions in the city where they happen.


Collected lamp. Los Pinos-Havana. 1995

With this lamp project I revise some of Gaetano Pesce's ideas regarding hybridity of productive processes. Pesce proposes that new technologies are more open to intersecting with variable elements that change their course. He has said, for instance, that computerized production systems should be invaded by viruses, algorhythms capable of inserting distortion into the repetition of mass production, material elements and mechanical forces that will always producing objects that are always different.

Technical info:
Technological Disobedience’s series: Lampshades, 2009
The lamps are produced in two sizes. Two or five tubes of clear silicone (10.1 Oz) are used, respectively.
The material is applied on geometric forms such as shoe boxes and bowls.
The object is completed with electric parts.
Prototype 1: 18”x12”x11”
Prototype 2: 10”x7”x9”


Little Havana Lamp shade. Ernesto Oroza for Alejandra Von Hartz Gallery 2009. Photo: Oriol Tarridas


Little Havana Lamp shade. Ernesto Oroza for Alejandra Von Hartz Gallery 2009. Photo: Oriol Tarridas

 
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